viernes, 27 de agosto de 2010

La Vicaria. Cap 1


No se como empezar. Tal vez les daría la bienvenida, pero en este caso, y tratándose de mi, la formalidad y la buena educación sale sobrando. Mi nombre es Isabela Fátima de Torres, condesa de Vergara…y esta es mi historia.

Nací en España en el siglo XVIII, mis padres fueron: Don Armando de Toledo y Margarita Cristina de Villasana, ambos provenientes de familias muy prestigiadas en España. Cuando se casaron sus fortunas aumentaron al hacer negocios donde no tenían el porque preocuparse por el resto de sus vidas, y supuestamente, tampoco de la mía, y de mi hermana menor, Marisela Aurora.

Para nuestra buena educación y distinción, nuestros padres, nos enviaron a mi hermana y a mí, al prestigiado y acaudalado Colegio el convento del Sagrado Corazón de Maria y José…



-sean bienvenidas, niñas- nos dijo la madre superiora del colegio.
-es un gusto estar aquí, madre-respondía gratamente Marisela.

Nunca imagine que entrar a ese colegio, seria el principio de una vida muy especial…puedo definir que ese convento abrió sus puertas a las mas destacadas y bellas damas de sociedad de España para serlas inmorales y pervertidas. El colegio del Sagrado Corazón de Maria y José bien puede ser el congal de depravaciones donde cada una de las que habito allí, fue exageradamente feliz…claro…la única que no podría decir eso, seria mi hermanita menor, Marisela, quien siempre se dio por la rectitud y el buen nombre del Señor.

Fue en ese lugar donde explore mi sexualidad en plan solitaria, pues las ideas de malos hábitos no me dejaban otra opción más que esconderme y sentir el fuego interno de mi cuerpo. Sentía como mi vulva se abría y deseaba ser tocada, y por más que mis dedos disponían en introducir en mi vagina, nunca lo pude hacer al máximo.

Cierta tarde, bajo mi cama del dormitorio, me encontraba en esa labor cuando sentí los pasos de alguien. Por las suelas, pude saber que se trataba de una monja. Y aquellas zapatillas las vi de frente. El miedo y el temor de que me descubrieran estaban por invadirme todo el cuerpo. Y cuando sucedió di un grito espantoso.

-ahhhh!!!!
-hija del pecado!!!-era la madre superiora- nunca lo creí, pero todo fue cierto!
-madre, por el amor de Dios, que va hacerme?-pregunte angustiada.

La madre superiora no me contesto. Muy apenas pude tratar de arreglarme el uniforme cuando ya me veía en los pasillos arrastrada por la monja. Y llegamos a su oficina.

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