Nunca imagine que entrar a ese colegio, seria el principio de una vida muy especial…puedo definir que ese convento abrió sus puertas a las mas destacadas y bellas damas de sociedad de España para serlas inmorales y pervertidas. El colegio del Sagrado Corazón de Maria y José bien puede ser el congal de depravaciones donde cada una de las que habito allí, fue exageradamente feliz…claro…la única que no podría decir eso, seria mi hermanita menor, Marisela, quien siempre se dio por la rectitud y el buen nombre del Señor.
Fue en ese lugar donde explore mi sexualidad en plan solitaria, pues las ideas de malos hábitos no me dejaban otra opción más que esconderme y sentir el fuego interno de mi cuerpo. Sentía como mi vulva se abría y deseaba ser tocada, y por más que mis dedos disponían en introducir en mi vagina, nunca lo pude hacer al máximo.
Cierta tarde, bajo mi cama del dormitorio, me encontraba en esa labor cuando sentí los pasos de alguien. Por las suelas, pude saber que se trataba de una monja. Y aquellas zapatillas las vi de frente. El miedo y el temor de que me descubrieran estaban por invadirme todo el cuerpo. Y cuando sucedió di un grito espantoso.
-ahhhh!!!!
-hija del pecado!!!-era la madre superiora- nunca lo creí, pero todo fue cierto!
-madre, por el amor de Dios, que va hacerme?-pregunte angustiada.
La madre superiora no me contesto. Muy apenas pude tratar de arreglarme el uniforme cuando ya me veía en los pasillos arrastrada por la monja. Y llegamos a su oficina.
-sabes lo que has hecho, Isabela? Sabes que es pecado?
-madre, yo…
-SILENCIO!!Cuando yo hablo, nadie me interrumpe.
La superiora se sentó en aquel sillón, y me mira fijamente, para después sonreír. En ese momento no entendía nada, pero mas adelante, lo disfrutaría.
-tu no puedes andar escondiéndote como una rata por debajo de las camas, niña. Si tanto deseabas sentir el placer del pecado, bien pudiste consultarlo conmigo, no lo crees?- dijo la superiora volviéndose a levantar y tocándome el rostro.
-que trata de decirme, madre superiora?-pregunte solo para confirmar una sospecha.
-mi querida Isabela, desde el día en que te vi, no he dejado de pensar en lo hermosa que eres, en la delicia en que te convertirás cuando seas mas grande. Eres un caramelo que si lo dejo pasar, nunca me lo perdonaría. Entiendes?
Sus ojos claros se clavaron en los míos. Y sus manos comenzaron a quitarme el estorbo que era mi uniforme. Pero su pasión fue más allá al tocar el centro de la creación. Lo cual provoco que me sonrojara.
-te da vergüenza? Porque? Si todas tenemos un coño. Te prohíbo que te avergüences, eso es señal de modestia y la modestia es sinónimo de bobería.- dijo la superiora sin dejar de tocar mi mas prestigiado tesoro.
-me ha comprendido mal, querida madre. Si he sonrojado no ha sido por vergüenza, si no por ansiedad. El solo hecho de pensar que disfrutaré de su cuerpo y usted del mío, me hace estremecer. Es lo que buscaba. Sus beso, su caricias.
La madre superiora acerco sus ricos labios carnosos a los míos, y me dio un dulce beso. el primero en mi vida. Y el que disfrute.
-bien…es hora de que te comportes como lo que eres…una ramera. Una puta. Como todas- dijo la monja al volverme a besar y dejarme caer a un sofá que no se encontraba muy lejos de ahí.
Su lengua recorría mi cuerpo hasta llegar a mis pezones, donde sentí lo caliente y húmeda que puede ser. Luego bajo hasta mis muslos y le abrí mis piernas a lo mas deseable…su lengua era una experta para enloquecer en ese fuego donde me encontraba. Si, mi querida superiora comió y lamió lo que por 14 años estaba reservado.
Ya estando desnudas las dos, yo también probé aquel tesoro siniestro que guardaba debajo de los hábitos.
-eres un demonio Isabela!!!- gritaba de placer la monja.
Si, tanto ella como yo, nos hicimos una misma. Parecía que había encontrado lo que apenas estaba por buscar: el amor.
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