miércoles, 27 de octubre de 2010

La Vicaria. Cap 8


Los funerales como eran de esperarse, fueron de lo más sofisticado que la misma aristocracia podía requerir. Personalidades que no venia desde hace tiempo se sorprendieron al verme ahí, como una ama de llaves del Conde de Vergara. Y a mi lado, estaba la chiquilla Maria Enriqueta, que no paraba de llorar. Y creo que mi lado humano recayó en ese momento.

-sabes, yo también soy huérfana de madre. Y de padre. Se lo que se siente. Pero como toda mujercita que eres, lo más conveniente es que te des fuerzas, para poderla compartir con tu señor padre…
-extrañare a mi madre, Isabela. Era muy buena.
-lo se querida.

Abrace a esa niña justo cuando mi mirada se encontró con la del Conde, en señal de que el plan había sido ejecutado exitosamente.

Y para celebrar al acontecimiento, organice una orgía con las más bellas niñas de Doña Petra. La noche fue muy corta para divertirse, así que fueron más de tres días en que la fiesta duró…y mi pago, fue mucho más grande de lo que pensé…

-unir nuestras vidas en sagrado matrimonio? Habla usted en serio?
-ese es el gran pago. No te parece justo?-pregunto el conde
-muy alto sabiendo de donde provengo.
-lo dices por el congal donde aun percibes ganancias? Olvida ese pasaje de tu vida. Con suficiente dinero, quedará borrado. Yo necesito una compañera como tu, sin escrúpulos. Capaz de hacer lo que fuese sin detenerse ante nada.
-y su hija? Que puede pensar ella? O su familia?
-nada. Ellos no me importan.

Y en menos de cuatro meses, el gran obispo de toda España no daba la bendición en el nuevo matrimonio…no lo podía creer. Ya era una mujer muy rica, como siempre lo fui desde niña. Todo fue tan placentero y tan fácil. No cabe duda que viviendo del pecado se consigue muchas cosas.

Fue hasta entonces cuando un buen caballero llego a la mansión en busca de mi marido.

-usted es la condesa?
-si, así es. Y usted es…?
-mi nombre es Luís de Oropeza. Administrador y mano derecha del Conde de Vergara en las tierras de Nueva España- dijo aquel apuesto señor.

Efectivamente, Luís de Oropeza se encargaba de la administración de las propiedades del Conde en nueva España. Se decían muchas cosas de aquel lejano país, y era la primera vez que tenía el contacto para saber más de aquel nuevo mundo.

Era de esperarse que si ya no tenía escrúpulos, ni moral, lo lógico era que Luís y yo, acabáramos en la cama…

-ahora puede entender al Conde, el porque la elegido como esposa.
-son muchas razones, Luís. El echo es que soy mucho mas perra de lo que crees.
-no entiendo…
-me estorba la hija. Maria Enriqueta es una piedra que me molesta. Y creo que tú puedes ayudarme.
-cuales son sus planes?
-que desaparezca. Esta por cumplir 12 años, y en cualquier momento alguien pedirá su mano. Es muy bella, y con ello su fortuna se ira.
-quieres todo para ti, Condesa?
-todo lo que toco, lo es mío…por eso, la diabla anda suelta

No fue difícil convencer a Luís de Oropeza que matara a Maria Enriqueta, ya que tenia toda la razón del mundo, pues mi hijastra, ya estaba en sus primeras citas de amor, con un muchacho de buena familia. Y eso, no lo podía permitir.

-en cuanto ella este sola, acércate. Llévatela lejos, sin testigos. Y ahógala en el río si es posible.
-suena como al cuento de los hermanos Grimm: Blanca nieves.
-pero en este cuento, ella si va a morir…así que si nos basamos en esa escritura, te pido el corazón de mi noble hijastra en un cofre.

La Vicaria. Cap 7

No lo esperaba. Pero el solo simple hecho de que había un gran pago, me hizo sonreír.

-usted ordena, señor Conde de Vergara.- termine diciéndole.

Sin dar mucha explicación a Doña Petra me instale en la mansión del Conde de Vergara como una especie de asistente. Y debo confesar que estaba nerviosa, pues al conocer a Catalina, me impacto su belleza. Era aun muy joven, como de 28 o 30 años, de piel blanca y unos rizos dorados que invitaba a pecar de nuevo.

-Catalina, ella es Isabela, la encargad de mantener en orden la casa. Como una especie de ama de llaves.- presentó el Conde ante su esposa.

-encantada de conocerla. Guillermo me ha hablado de usted. No pensé que fuese muy joven. Que edad tiene?- pregunto la curiosa Catalina.

-apenas 16 años. Pero créame, mi distinguida señora, que soy eficiente pese a mi edad.

Y mas impactada me quede cuando vi a una niña como de 10 años entrar, casi el mismo ángel y distinción de catalina. Su viva imagen pero en infancia.

-y la niña quien es?-pregunte inquieta.
-es nuestra hija, Isabela. Se llama Maria Enriqueta.- respondió orgullosa Catalina.

El conde nunca me había hablado de que tenía una hija. Eso si que me sorprendió y mas a él cuando con una simple mirada le reclame el hecho de haberlo ocultado. Pero pude sonreír, porque pese a todo, yo era la más beneficiada con lo que pasaría después.

El plan estaba tan bien especificado, que no pensé en nada.

-este es el veneno que pondrás siempre a la hora del te. Asegúrate que Catalina se lo tome por completo-ordenaba el conde.

Y fue así, como en aquella taza bañada en porcelana y de buena figura, recibía gota por gota el veneno que acercaría al fin de Catalina.

-aquí tiene el té, mi señora
-gracias, Isabela. De verdad que eres de buena ayuda.
-honor que me hace.

Y tratando de no sonreír a lo descarada, observe como Catalina tomaba y disfrutaba aquella bebida que representaba su muerte. Pero me mantenía una duda. Si catalina moriría, que pasaría con su hija? Que pasara con Maria Enriqueta? El mismo conde me contestó.

-Mi hija podría estar internada en un gran colegio. En toda Europa hay muchos institutos de gran renombre. Y cuando sea toda una señorita, pues veremos con quien se casa.- dijo el perverso y distinguido Conde de Vergara.

-aquí en España hay muchos de prestigio. Por ejemplo el Colegio Convento del Sagrado Corazón de Maria y José.- le sugerí.

El destino de Maria Enriqueta no estaba por verse. Por ahora importaba mas la muerte de Catalina, quien en días posteriores, el efecto del veneno se hizo presente. Comenzó a sentirse mal, mareada, y sin fuerzas para levantarse.
-el doctor dice que puede ser pasajero.- le dije a Catalina
-es que cada día que pasa, me siento mas mal.- dijo Catalina
-no se preocupe mi señora. Pronto se repondrá. Por ahora, tome su té…

Y catalina bebía en aquella misma taza de siempre el veneno. Debo confesar que versa si, ya no me producía ninguna sensación, más que saber, el que se sentiría estar con ella en un acto de lujuria.

Esa idea me rondo por dos días y dos noches completas. Hasta que la tercera noche, sin que nadie se diera cuenta, entre a la habitación de Catalina. Ella dormía sola, puesto que son sus malestares, el Conde decidió dormir aparte. Mi corazón, palpitaba mucho. La observe dormida. Y poco a poco introduje mi mano en aquellas sabanas y vestiduras que cubrían un perfecto cuerpo.

Me quite mis ropas, y estando ya desnuda, me introduje a la cama, y poco a poco comencé con mis besos. Catalina no parecía reaccionar y eso me permitió continuar con mi acto de “amor”…hasta que, ella trató de despertar.

-Guillermo? Eres tu?-pregunto la agonizante

Yo la calle con un susurro al oído, y le bese en el fino cuello blando pálido.

-Guillermo, realmente me siento mal. No puedo respirar

Pero poco me importo esas palabras, yo seguí con mi proceso, besando los bien formados pechos que parecían manjares, pero de pronto sentir el frío sudor de ella. Algo pasaba.

-me muero, Guillermo. Me muero…sálvame….sálvame!!!-suplicaba Catalina

Me asuste al ver que no mentía, y me retire sin decir nada. Como la habitación permanecía en obscuras, no vio cuando me ponía de nuevo mis ropas.

-Guillermo…me muero...me muero…

Solo escuchaba su voz. Y apenas observaba el cuerpo en cama. No quería hacer nada, mas que hacerle l amor, y todo para que en menos de dos minutos, Catalina dirá por terminado su vida, con un movimiento de cabeza a la izquierda…

CAP 06 la vikaria!!!

Si, bajo esas sabanas tersas y perfumadas de las habitaciones, cada hombre salía con una sonrisa de satisfacción al tenerme como hembra. Indiscutiblemente mi clientela aumento por mi gran fama…hasta llegar a oídos de un importante aristócrata.

-quien es?-pregunte
-Es don Guillermo de Mendoza, Conde de Vergara
-un conde? Buscándome a mi?
-si…especialmente a ti. Pero no quiere un encuentro en esta casa.
-entonces donde?- pregunte intrigada.
-en su mansión. En la mansión Vergara. Afuera tiene el carruaje.

Subí al carruaje y me dirigí a esa gran mansión, donde al entrar me pareció ver un palacio como el de los reyes. Podría jurar que tenia el mismo gusto que mi antigua casa donde vivía con mis difuntos padres. Espere en la habitación del conde, mientras seguía maravillada por el lujo en que vivía. Sonreía de felicidad porque no estaba tan lejos de volver a tener lo que tanto quería…

-buenas noches princesa- dijo una voz varonil

Cuando lo vi, no podía creerlo. Al fin me toco un hombre joven, maduro, pero joven aun…

-Me es un placer estar a su servicio, señor Conde de Vergara.
-el gusto es mío. Nunca imagine que fuese muy joven, y demasiado bella. Los comentarios que he oído fueron muy cortos ante lo que veo.
-gracias por el cumplido.

Nuestras miradas fueron muy claras que las mismas palabras que decíamos…el mismo conde tomo la iniciativa de desvestirme y besarme el cuello…el olor delicioso que traspiraba me estaba volviendo loca de placer…cuando lo vi desnudo fue como ver una ilusión. Por fin un cuerpo perfecto-pensé-

Lo llene de besos en el pecho velludo, y poco a poco mi lengua bajaba hasta la parte de su semilla. Erecta y grande. Carnosa. Apetitosa. Mis labios a penas y lo toco cuando el mismo conde de Vergara no resistió al gemido de la pasión. Poco a poco mi lengua perfecta se comía ese sabroso caramelo. Y hasta mi campanilla de mi garganta lo sintió.

-eres la mejor puta!!!!- decía el lujurioso conde.

Si, se la seguí chupando una y otra vez. Realmente era como una adicción porque no dejaba de hacerlo. Hasta que con el conde rápidamente paso de esa posición a otra, me tomo de los brazos y me puso boca a bajo exponiendo mi trasero ante sus ojos…

-que buen culo te cargas. Cuantos años dices que tienes?
- quince años. En menos de seis meses tendré dieciséis

Oía como estaba jaleando y pronto sentí su lengua buscando lo mas profundo de mi.

-que delicia!!! Sabe a fresa- dijo el conde muy excitado sin detenerse de lamber mi coño una vez que me dio la vuelta.

De verdad que era un maestro, ni la propia puta de la superiora hace tan bien el trabajo que este hombre hacia. No podía detener mis gritos de placer al sentir esa lengua masculina entre mis piernas. Y el acto seguido fue más impactante. Su gran dote de macho, por fin se introducía a mi vagina. Mientras el me mordía los frágiles pechos. Y lejos de sentir dolor, fue como sentir la misma nube de gloria…

El pago por ese servicio fue muy bueno, tanto para Doña Petra, como para mi. Pues en menos de medio año, mi fortuna crecía como la espuma, y ya me daba ciertos lujos. Pero lo que mas me gustaba de todo aquello, era que el mismo Conde fijaba las fechas para los encuentros y los pagaba con anticipación. Y eran frecuentes. Debo decir que me dio algo de miedo, porque la misma costumbre puede hacer que nazca el sentimiento del amor, cosa que no podía permitir.

Pero una noche, después del encuentro lujurioso, una proposición me tomo por sorpresa.

-que vivas en esta mansión- dijo el Conde.
-vivir aquí?
-si. Mañana mismo mi esposa Catalina llegara y necesito de tu ayuda.
-no logro comprender que es lo que quiere.
-Catalina…mi esposa…debe morir. Y tú, querida niña, me ayudaras hacerlo. y el pago será mucho mas grande de lo que te imaginas. Que dices?