miércoles, 27 de octubre de 2010

La Vicaria. Cap 7

No lo esperaba. Pero el solo simple hecho de que había un gran pago, me hizo sonreír.

-usted ordena, señor Conde de Vergara.- termine diciéndole.

Sin dar mucha explicación a Doña Petra me instale en la mansión del Conde de Vergara como una especie de asistente. Y debo confesar que estaba nerviosa, pues al conocer a Catalina, me impacto su belleza. Era aun muy joven, como de 28 o 30 años, de piel blanca y unos rizos dorados que invitaba a pecar de nuevo.

-Catalina, ella es Isabela, la encargad de mantener en orden la casa. Como una especie de ama de llaves.- presentó el Conde ante su esposa.

-encantada de conocerla. Guillermo me ha hablado de usted. No pensé que fuese muy joven. Que edad tiene?- pregunto la curiosa Catalina.

-apenas 16 años. Pero créame, mi distinguida señora, que soy eficiente pese a mi edad.

Y mas impactada me quede cuando vi a una niña como de 10 años entrar, casi el mismo ángel y distinción de catalina. Su viva imagen pero en infancia.

-y la niña quien es?-pregunte inquieta.
-es nuestra hija, Isabela. Se llama Maria Enriqueta.- respondió orgullosa Catalina.

El conde nunca me había hablado de que tenía una hija. Eso si que me sorprendió y mas a él cuando con una simple mirada le reclame el hecho de haberlo ocultado. Pero pude sonreír, porque pese a todo, yo era la más beneficiada con lo que pasaría después.

El plan estaba tan bien especificado, que no pensé en nada.

-este es el veneno que pondrás siempre a la hora del te. Asegúrate que Catalina se lo tome por completo-ordenaba el conde.

Y fue así, como en aquella taza bañada en porcelana y de buena figura, recibía gota por gota el veneno que acercaría al fin de Catalina.

-aquí tiene el té, mi señora
-gracias, Isabela. De verdad que eres de buena ayuda.
-honor que me hace.

Y tratando de no sonreír a lo descarada, observe como Catalina tomaba y disfrutaba aquella bebida que representaba su muerte. Pero me mantenía una duda. Si catalina moriría, que pasaría con su hija? Que pasara con Maria Enriqueta? El mismo conde me contestó.

-Mi hija podría estar internada en un gran colegio. En toda Europa hay muchos institutos de gran renombre. Y cuando sea toda una señorita, pues veremos con quien se casa.- dijo el perverso y distinguido Conde de Vergara.

-aquí en España hay muchos de prestigio. Por ejemplo el Colegio Convento del Sagrado Corazón de Maria y José.- le sugerí.

El destino de Maria Enriqueta no estaba por verse. Por ahora importaba mas la muerte de Catalina, quien en días posteriores, el efecto del veneno se hizo presente. Comenzó a sentirse mal, mareada, y sin fuerzas para levantarse.
-el doctor dice que puede ser pasajero.- le dije a Catalina
-es que cada día que pasa, me siento mas mal.- dijo Catalina
-no se preocupe mi señora. Pronto se repondrá. Por ahora, tome su té…

Y catalina bebía en aquella misma taza de siempre el veneno. Debo confesar que versa si, ya no me producía ninguna sensación, más que saber, el que se sentiría estar con ella en un acto de lujuria.

Esa idea me rondo por dos días y dos noches completas. Hasta que la tercera noche, sin que nadie se diera cuenta, entre a la habitación de Catalina. Ella dormía sola, puesto que son sus malestares, el Conde decidió dormir aparte. Mi corazón, palpitaba mucho. La observe dormida. Y poco a poco introduje mi mano en aquellas sabanas y vestiduras que cubrían un perfecto cuerpo.

Me quite mis ropas, y estando ya desnuda, me introduje a la cama, y poco a poco comencé con mis besos. Catalina no parecía reaccionar y eso me permitió continuar con mi acto de “amor”…hasta que, ella trató de despertar.

-Guillermo? Eres tu?-pregunto la agonizante

Yo la calle con un susurro al oído, y le bese en el fino cuello blando pálido.

-Guillermo, realmente me siento mal. No puedo respirar

Pero poco me importo esas palabras, yo seguí con mi proceso, besando los bien formados pechos que parecían manjares, pero de pronto sentir el frío sudor de ella. Algo pasaba.

-me muero, Guillermo. Me muero…sálvame….sálvame!!!-suplicaba Catalina

Me asuste al ver que no mentía, y me retire sin decir nada. Como la habitación permanecía en obscuras, no vio cuando me ponía de nuevo mis ropas.

-Guillermo…me muero...me muero…

Solo escuchaba su voz. Y apenas observaba el cuerpo en cama. No quería hacer nada, mas que hacerle l amor, y todo para que en menos de dos minutos, Catalina dirá por terminado su vida, con un movimiento de cabeza a la izquierda…

No hay comentarios:

Publicar un comentario